Spanish English French German Italian Japanese Portuguese

Ser Familia Por Adopción

 

Queremos adoptar un niño
Ana Berástegui Pedro-Viejo. Las familias ante los momentos difíciles, Dirección General de Familia, Consejería de Familia y Asuntos Sociales. Comunidad de Madrid
Extraído de Adoptantis Nº 19, http://adoptantis.org/adoptantis/


Para la mayoría de las familias es largo el camino que nos hace decir: "Queremos adoptar a un niño". Lo más habitual es que el deseo de adoptar surja tras mucho tiempo de intentos de embarazo, de frustraciones, de pruebas, de tratamientos costosos económica y afectivamente y, en ocasiones, de experiencias muy dolorosas (abortos, operaciones, conflictos de pareja...). Un día, unas veces antes y otras veces después, entendemos que el hijo tan esperado no llegará pero que todavía queda una posibilidad para cumplir nuestro sueño... la adopción. Y en seguida nace la pregunta "¿qué hay que hacer para adoptar?"
Decir adiós
Habrá gente que te aconseje: "lo primero que deberías hacer es ir al IMMF", o, "lo primero será visitar alguna entidad de adopción" o... pero lo primero que hay que hacer para poder adoptar, y que la adopción funcione, es decir adiós: adiós al hijo que yo esperaba, adiós al embarazo, adiós a la experiencia del parto, adiós a ser lo primero que verá mi bebé, adiós a reconocer en el recién nacido, como en un espejo, lo mejor de mí mismo, de mi pareja o de mi familia. Adiós, en definitiva, a ser padres como los demás de un hijo que sea como yo.
•  Decir adiós es la única manera de poder dar una bienvenida sincera a la experiencia de la adopción, de pensar que adoptar no es un "segundo plato" o un "sustituto" de la paternidad sino, simplemente, otra forma de llegar a ser padres.
•  Decir adiós también ayuda a separar tres cosas que tendemos a mezclar: la sexualidad, la capacidad para procrear y la capacidad para ser padres. Que no podamos tener un hijo biológico no supone que no podamos tener una sexualidad sana y enriquecedora con nuestra pareja ni que vayamos a ser malos padres.
•  Decir adiós es difícil y es importante tomarse todo el tiempo que se necesite y no dejarse llevar por las prisas ni por las presiones del entorno.
•  Quizás nuestro deseo de tener un hijo no tenga que ver con la infertilidad, hay personas que adoptan porque piensan que pueden ofrecer su familia a un niño que no la tiene, porque quieren formar una familia a pesar de no tener pareja, porque les parece que ampliar así la familia será bueno para ellos y para el niño que llegue. Sea de una u otra manera adoptar es para todos lo mismo: es convertirse en madre o en padre de un niño concreto que no ha podido ser cuidado por la familia que le vio nacer y crear para él una nueva familia igual pero diferente de todas las demás.
Adoptar significa, sobre todo y ante todo, convertirnos en padres.
Si lo que queremos conseguir con la adopción es sentirnos útiles, ayudar a la infancia necesitada, arreglar nuestros problemas de pareja o aliviar nuestra soledad podemos encontrar otras maneras más adecuadas y directas de hacerlo: El deseo principal en la adopción debe ser el de ser padres.
Adoptar es ser padres, no convertir en padre o madre a mi pareja, ni convertir en abuelos a mis padres ni darle un hermanito a nuestros hijos, eso sólo será la consecuencia lógica de mi paternidad o maternidad. Es muy importante que la decisión provenga de uno y no de las presiones del entorno.
Los niños necesitan mucho cariño para crecer y eso es indudable pero a veces nos confundimos pensando que es lo único que necesitan los niños que han sido abandonados: también habrá que proteger, que poner límites, que regañar, que orientar, que supervisar. Ser padres es querer educando y educar queriendo.
Ser padres es sentir al niño como propio, sentir como míos sus éxitos y sufrir como míos sus dolores y, al tiempo, ayudarle a crecer y ser él mismo, diferente de mí.
Ser padres no es sólo cuidar del niño que llega, sino también del adolescente que crece, del adulto que se emancipa y ser el abuelo de sus hijos. La adopción, como toda paternidad, es una experiencia de largo recorrido.
Adoptar significa acoger a un niño que ya existía antes de ser nuestro hijo
Siempre que vamos a ser padres nos imaginamos cómo será nuestro hijo y empezamos a quererle así, platónicamente. Luego el hijo llega y nunca es exactamente igual a aquél que imaginábamos pero en adopción, el campo para las sorpresas es mucho mayor. Para que las diferencias entre el niño imaginado y el niño real no sean imposibles de reconciliar es muy importante hacernos a la idea de cómo son los niños que pueden ser adoptados.
Los niños son diferentes de nosotros y es probable que, de una manera u otra, la adopción sea visible hacia el exterior y que nuestra intimidad como familia se vea de algún modo amenazada. Esto es especialmente relevante cuando adoptamos niños con características étnicas minoritarias (que son un número altísimo de los niños necesitados de familia, tanto nacional como internacional) lo que nos obliga, en muchas ocasiones a enfrentarnos a comentarios desafortunados, tratamientos especiales e incluso en ocasiones al racismo más o menos consciente y virulento de algunos.
A veces nuestra fantasía nos hace pensar que la adopción hace "borrón y cuenta nueva" en la vida del niño y que, en el momento de llegar a casa desaparece, como por arte de magia, todo lo que el niño era antes de conocernos... y no es así. Por muy pequeño que sea el niño, incluso cuando es recién nacido, siempre traerá en su mochila un trocito de historia que no ha vivido con nosotros y que suele estar llena de sufrimiento.
Casi todos los niños, en la medida de su historia, han tenido que adaptarse a ambientes muy difíciles y se comportarán al llegar como se habían comportado hasta entonces: algunos tienen miedo a volver a vincularse, otros han aprendido a no depender de nadie, o creen que necesitan llamar mucho la atención para que alguien les haga caso, o sólo saben prestar atención a los peligros del entorno, o están convencidos de que todos los señores pegan o de que todas las mujeres hacen daño y evitan el contacto. El niño aprenderá, con más o menos tiempo y ayuda, que esas conductas ya no son necesarias y entre tanto tendremos que armarnos de cariño y paciencia.
La mayoría de los niños tiene "necesidades especiales". Aunque este término se reserva para los niños que son mayores, o grupos de hermanos o que tienen alguna dificultad física, cognitiva o psicológica cualquier niño que llegue a casa tendrá, al menos, la necesidad de ser cuidado e integrado en una familia que no es la que le vio nacer y eso es una necesidad especial. Además los niños pueden necesitar ayuda médica especial para superar un embarazo o un parto difíciles, estimulación para superar unos primeros meses de vida en un entorno de poco cuidado, apoyo en una integración escolar a la que no estaban acostumbrados... Es importante estar preparados para entender cuáles son las necesidades del niño que llega.
Aceptar al niño será aceptar también que el "fantasma" de sus padres biológicos va a formar parte de nuestra familia. Con más o menos fuerza y durante más o menos tiempo habrá "otros padres", recordados, reconstruidos o imaginados, que formarán parte de la vida de nuestro hijo y a los que tendremos que hacer un hueco, en lugar de competir con ellos, para que nuestro hijo, como ya hemos hecho nosotros, también pueda decir adiós.
Que el niño ya exista y que haya vivido un primer abandono también significa que nosotros no podemos decidir por nosotros mismos si tenerlo o no sino que solo podremos ofrecernos, como familia, por si algún niño nos necesita. Serán los poderes públicos los que, en nombre de toda la sociedad y de propio niño, cuidarán de los niños, estudiarán si necesitan una familia y tomarán la decisión de qué familia es apropiada para cada uno. Tenemos que tener siempre en la cabeza que la adopción es un derecho de los niños, no nuestro, y que, al fin y al cabo, la administración lo está haciendo todo en beneficio del que será mi hijo.
Adoptar significa formar una familia igual pero diferente a todas las demás
Además de todas las tareas que, como hemos visto, son comunes a todos los que asumen la aventura de ser padres, la adopción nos enfrenta a otros retos especiales que es mejor anticipar: la evaluación previa y la presencia de la administración en nuestro proceso de idoneidad, la paternidad instantánea, la comunicación con nuestro hijo sobre la adopción y el acompañamiento de nuestros hijos en la búsqueda de las piezas que le faltan para construir el puzzle de su identidad, el construir en muchos casos una familia intercultural.
A veces, estas diferencias hacen que nos sintamos solos en nuestro papel como padres, que no sepamos a quién acudir cuando tenemos una duda o un conflicto, que las personas que nos rodean no se atrevan a darnos un consejo o que el consejo que nos den no sea el adecuado. Somos los papás del niño y nuestra será la responsabilidad de lo que ocurra en la familia pero también tenemos que estar dispuestos a pedir ayuda a gente que, en nuestro entorno o fuera de él, nos pueda comprender y apoyar.
Ser diferente no es ser unos padres inferiores a los demás, ni "defectuosos", no hay que rechazar las diferencias que tenemos con otras familias pero tampoco hay que pensar que nuestra familia es "otra cosa", que somos más adoptantes que padres y que de lo único que se puede hablar en casa es de la adopción. Es muy importante encontrar un equilibrio aceptando las diferencias y valorando lo que tienen de positivo pero también entendiendo que es mucho más lo que nos asemeja al resto de las familias que lo que nos separa.
Luego vendrán los procedimientos, las evaluaciones, los papeles, las esperas, las sorpresas, la ansiedad, la esperanza, el encuentro y la paternidad pero es importante tomarse todo el tiempo del mundo para entender, asumir y responsabilizarnos del paso que vamos a dar y de cómo ese paso va a cambiar toda nuestra vida y la de nuestra familia. La adopción será entonces, como siempre lo es convertirse en padres, trabajoso, cansado, movido, sorprendente y maravilloso.


 Inscripción AQUÍ

 

 


 

 

 

 

Nuestro trabajo es ad-honorem

es por eso que necesitamos de tu aporte, para poder seguir adelante. Entrando aquí podrás ver cómo colaborar, por poco que sea, estarás ayudando para que este proyecto siga creciendo. Gracias desde ya.
 

 

Comunicate con nosotros

Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

También estamos en

                

Inicio ARTÍCULOS Queremos adoptar un niño - Ana Berástegui Pedro-Viejo